Uno de los objetivos imposibles de la gala 7 era que Risto y Àngel Llàcer hicieran las paces, fumaran la pipa de la paz, pero… la cosa quedó en el aire y no parece que ninguno vaya a dar su brazo a torcer, eso sí, estuvieron demasiado correctos.

Imaginé que sería una especie de duelo entre ángel y demonio, pero terminó siendo una charla de amigos que han tenido un pequeño problema e intentan solucionarlo mientras se toman unas cañas.

Nos quedó claro que los dos se caen bien y se gustan mutuamente por su forma de ser, pero espero que sigan disimulándolo como en galas anteriores. Lo que yo quiero es guerra dialéctica de la buena y no la tontería de anoche.

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